Violencia y Convivencia Escolar

IFUCPEI
Online

$ 150
¿Preferís llamar ya al centro?
03514... Ver más

Información importante

  • Seminario
  • Online
  • Cordoba
  • Duración:
    1 Mes
Descripción

Objetivos Generales:. Propiciar la reflexión, discusión y análisis de las problemáticas de "violencia escolar". Posibilitar la elaboración de modos de acción alternativos a los habituales. Objetivos específicos:. Brindar herramientas teóricas y metodológicas que permitan resignificar las nociones "violencia escolar" y "convivencia escolar". Posibilitar el análisis crítico de las prácticas docentes en relación a dichas problemáticas. Posibilitar la construcción de estrategias de prevención y abordaje de situaciones de violencia en las escuelas.
Dirigido a: educadores y público general

Información importante
Sedes

Dónde se enseña y en qué fechas

inicio Ubicación
Consultar
CORDOBA
Caucete 4697 esq el fortín Barrio Empalme, 5006, Córdoba, Argentina
Ver mapa

Opiniones

Todavía no hay opiniones de este curso

Temario

- Justificación del proyecto: uno de los problemas más acuciantes que deben enfrentar actualmente los docentes, es el de la denominada “violencia escolar”. En las escuelas (espacios que otrora se suponían seguros, armoniosos, exentos de conflictos) se manifiestan cotidianamente sucesos de diversa índole, que pueden ser ubicados en la mencionada categoría. Se incluyen agresiones físicas y verbales entre distintos miembros de la comunidad educativa y agresiones contra el patrimonio institucional. Según un informe elaborado por un equipo técnico, el 90% de los pedidos de intervención aluden a agresiones entre personas, de las cuales un 75% son agresiones físicas. Lo que evidenciaría que estas últimas son las más difíciles de manejar en las instituciones educativas, y exceden las posibilidades de abordaje de los docentes. En el mencionado informe se precisa también que las demandas provienen de todos los niveles del sistema educativo, y de ambas modalidades (los porcentajes más significativos del período mencionado son: 52% de los pedidos de intervención corresponden al nivel primario, 36% al nivel medio, 5% al nivel inicial, 2% a la modalidad especial). Tales episodios enfrentan a los docentes a variados dilemas (profesionales, personales, técnicos, éticos), y ante la falta de herramientas adecuadas para el abordaje de estas situaciones suelen ensayar modos intuitivos de resolución. Por no disponer de los elementos necesarios, muchas veces actúan sin mediar análisis, y se generan acciones que no sólo no contribuyen a mejorar la situación, sino que además pueden empeorarla. El logro de una convivencia satisfactoria y no violenta es el punto de partida para que tengan lugar las enseñanzas y los aprendizajes escolares. Y son los docentes, como agentes de la enseñanza, los encargados de viabilizar el mencionado logro. En consecuencia, un genuino abordaje de esta problemática educativa incluye, necesariamente, acciones sostenidas de capacitación destinadas a los educadores. Por este motivo la presente propuesta se propone recuperar el protagonismo de la tarea docente a la hora de detectar, prevenir e intervenir en situaciones de violencia en las escuelas. 4.a- Posible Impacto del curso: promoverá en los docentes participantes una mayor comprensión de lo que denominamos “violencia escolar”, propiciando nuevos análisis de las situaciones cotidianas y, en consecuencia, la posibilidad de crear e implementar estrategias innovadoras. Por otra parte, estimulará análisis y discusiones en torno al problema en las distintas instituciones a las que pertenezcan los participantes, punto de partida para la elaboración o revisión de sistemas de convivencia. Marco teórico del proyecto: Podemos afirmar que vivir con otros es un problema desde siempre, una constante histórica. Las relaciones entre seres humanos son problemáticas por definición, debido a que el conflicto es constitutivo de la naturaleza humana. En consecuencia, es inherente a las instituciones. Ya en 1929 Freud afirmaba que cierta cuota de malestar es condición sine qua non de la existencia de la cultura y las sociedades. Esto sucede porque a cambio de los beneficios que conlleva la vida en sociedad y en pos del bien común, el ser humano resigna parte de sus satisfacciones egoístas (vinculadas a las pulsiones agresivas y sexuales, constitutivas de los sujetos), pero el conflicto entre ambas tendencias le acompaña a cada momento de su vida. Estas condiciones se acentúan cuando los sujetos ingresan al sistema formal de educación. El núcleo de las instituciones educativas está compuesto por “...un conjunto de órdenes que promueven la enajenación del individuo en las características de su grupo y lo empujan a una inserción cultural prefijada a su deseo, pero que al mismo tiempo al basarse en la transmisión de conocimientos, entrega la llave para acceder a la conciencia de individuación”. Ahora bien, afirmar esto no implica en absoluto decir que nada podemos hacer al respecto. Si bien los conflictos son ineludibles, nuestro desafío -como sujetos sociales- será arbitrar las vías para que los mismos puedan dirimirse en términos pacíficos (no violentos). Y además, lograr las condiciones para que nuestras estructuras sociales sean cada vez menos violentas (y por ende, menos generadoras de violencia), al tiempo que asumimos que serán siempre conflictivas, por ser productos y productoras de relaciones entre seres humanos. Reconocer que en las instituciones sociales en general, y las educativas en particular, el conflicto es la regla y no la excepción, nos permite realizar algunas diferenciaciones. Como dejáramos entrever en el párrafo anterior, la violencia es solo una de las formas en las que un conflicto puede “tramitarse”, y surge cuando la capacidad de simbolización de los sujetos falla. De esta manera la agresividad, tendencia originaria constitutiva de la naturaleza humana, se transforma en el acto violento en agresión. A los fines de circunscribir una definición diremos que “violencia sería toda aquella conducta realizada con la intención de destruir, herir, coaccionar, atemorizar a otra persona, a un grupo, a uno mismo, a instituciones u objetos considerados de valor para alguien; ya sea valor material o valor simbólico”. La violencia es siempre vincular, busca el sometimiento del otro. La “violencia escolar” no es una simple reproducción de la “violencia social”. Si bien los contextos sociales condicionan las realidades escolares, las instituciones educativas producen y reproducen fenómenos propios. Por esto, varios autorescoinciden en plantear que la “violencia escolar” incluye, al menos, tres categorías:
  • Violencia en la escuela: incluye maltrato e intimidación entre pares, discriminación, agresiones físicas, uso de armas.
  • Violencia contra/hacia la escuela: vandalismo, daños a las instalaciones o mobiliario, robos de aparatos o materiales didácticos, etc.
  • Violencia de la escuela o violentación institucional: son actos que si bien no tienen intencionalidad manifiesta de hacer daño generan efectos violentos, son formas sutiles que se encuadran en la categoría “violencia simbólica”. Como ejemplos podemos mencionar: desvalorización del rol docente o demandas excesivas y contradictorias, condiciones laborales inadecuadas, arbitrariedad en las normas o sanciones, no respeto de las normas por parte de los adultos, absentismo y llegadas tarde de los docentes, subestimación de las posibilidades de los alumnos, etc.
Los comportamientos violentos se originan y manifiestan en las tramas de relaciones y vínculos entre sujetos o grupos, remiten a conflictos que tienen que ver con “encuentros y desencuentros, amores y odios en el registro interpersonal, vincular y social”. A diferencia de lo anterior los fenómenos de indisciplina remiten a la organización del trabajo escolar, a las relaciones pedagógicas. Son conflictos originados en relación a la enseñanza, el aprendizaje, las rutinas, normas y hábitos indispensables para el trabajo escolar. Se encuadran aquí los fenómenos incluidos en lo que podemos denominar “disrupción en las aulas”, que son por lo general los que mayor malestar generan a los docentes. Entre ellos podemos citar: alumnos que deambulan, no atienden las consignas, entran y salen del aula, etc. Es necesario diferenciar entre violencia e indisciplina, porque cuando ésta se generaliza, cuando los climas se hacen estresantes y no se encuentran estrategias de organización, es posible que se produzcan estallidos de violencia. Ahora bien, son los modos en que convivimos los que propician o no la irrupción de actos violentos. Al aproximarnos a una conceptualización de la convivencia, debemos decir en primer lugar que la misma atañe a todos los integrantes de la comunidad educativa. Como bien señala Maldonado, durante mucho tiempo las instituciones educativas solo se ocuparon de regular los comportamientos de un sector de la comunidad escolar: los alumnos. Plantear cuestiones escolares cruciales en términos de convivencia, implica comenzar a incluir en el campo de análisis a todos los actores institucionales. El mencionado autor caracteriza a la “buena convivencia” como aquella que “se ejerce con criterios democráticos, promoviendo el trabajo en equipo”, “no está exenta de conflictos”, “se nutre de la diversidad”, “es quizá un estado dinámico en construcción/reconstrucción permanente”. Queda claro entonces que la convivencia no es algo espontáneo o natural, sino resultado de diversos aprendizajes. Por tal motivo es que podemos hablar incluso de convivencia violenta, como una de las alternativas al interior de una institución escolar. Cuando nuestros modos de convivir son autoritarios, rígidos, individualistas, cuando se cercena la circulación de la palabra, se utilizan criterios punitivos o priman modos comunicacionales verticalistas y unidireccionales, entonces se constituye un terreno fértil para la emergencia de la violencia. Recuperando las palabras de Daniel Levy diremos que “se tratará, entonces, de una convivencia de lo posible, disminuyendo la violencia y generando redes simbólicas que posibiliten la aceptación de la alteridad".